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Introducción
Quisiera, en primer lugar, incentivar la lectura de este breve Diario principalmente a todos los que sufren con situaciones semejantes a las que relato a seguir y que poco se motivan a buscar ayuda. Hace poco más de un año, me recuerdo de visitar el sitio del Dr. Paulo Henrique Egydio y encontrar informaciones de una innovadora técnica que él había desarrollado con total éxito para el tratamiento de la enfermedad de Peyronie. Lo mejor fue descubrir que esa misma técnica también era aplicable para la corrección del pene curvo congénito, algo que hoy me siento a gusto de relatar por haber sufrido por largos años con ese problema.
El impacto de eso en mi vida, como ciertamente para la vida de quien tiene el mismo problema, es evidentemente enorme. Aún adolescente, evitaba al máximo involucrarme con alguna chica por miedo de tener mi problema descubierto. A final, tener un pene curvo denunciado al mundo sería un constreñimiento. Lo más complicado era escuchar a los amigos contando sus primeras experiencias y después quedarme imaginando la tragedia que sería cuando intentase mi primera vez. Como “evitaba” a las chicas en esa fase de la adolescencia, no me libré, por supuesto, de los comentarios maldosos. Pero acabé teniendo mi primera experiencia todavía en esa época, con una chica que había conocido en la escuela. Literalmente, fue una “tortura”. No llegó a ser traumático, pero constrictivo y nada placentero para los dos. Pensé en nunca más hacerlo de nuevo.
A partir de ahí, mi tormento se repetiría en otras ocasiones. Me sumergí en el trabajo y en los estudios para llenar el tiempo e intentar olvidar ese sufrimiento. Sin sombra de dudas, no fue la mejor alternativa. En una empresa, me llegó a interesar una colega de trabajo y acabé dándole cuerda a ella. Pero puse mi problema adelante de mis sentimientos. Resultado: ella jamás supo el motivo de mi rechazo repentino, ya que siempre le di a entender que ella me gustaba. Eso duró hasta el momento en que decidí renunciar a mi trabajo para librarme de aquella situación. Era completamente inmaturo. Nadie entendió mi decisión, ya que yo estaba en pleno crecimiento profesional.
En verdad, admito que viví los últimos veinte años esquivándome por un lado, desapareciendo de una fiesta por otro, evitando compromisos y así en adelante. Novia de verdad, creo que tuve apenas una en mi vida, cuando tenía 24 años, muy comprensiva. La conocí en la facultad. Como los estudios y el trabajo demandaban mucho de nuestro tiempo, creí que conseguiría tratar más fácil la situación. Después de algunos meses fue inevitable continuar escondiendo la realidad. Confiaba en ella y conversamos mucho. Intentamos “adaptarnos” y eso fue durante casi dos años. Pensando bien, fue la única persona que, de cierta manera, me incentivó a buscar ayuda.
Nunca había tenido facilidad (¿o coraje?) de abrirme con nadie antes; ni con mis padres, hermanos o amigos. Siempre me imaginaba que todos saldrían corriendo por ahí revelando mi caso y riéndose de mí. No se si tomé una buena decisión. Debía, al menos, haberlo intentado. Las personas que de veras lo quieren a uno quieren nuestro bien. Fue lo que noté con esa novia. Inconstante como yo lo era, entretanto, acabamos rompiendo poco después de terminar la facultad, más por una convicción mía de que yo era sexualmente “inviable” para ella. Creo que la protegí de una cierta manera, pero me quedó claro que debía intentar ayudarme también.
Buscando ayuda
Durante un buen tiempo, usaba aquella excusa del tipo “creo que nuestra amistad me impide de hacerlo”, para escapar de embestidas que yo, sin notarlo, acababa creando. Sentí que era inútil continuar de esa manera porque ya había decepcionado a mucha gente por culpa exclusivamente mía. Estaba con 26 años en esa altura y decidí procurar la tal ayuda médica (hasta pensé que fuese sicológico, pero lo anatómico me preocupaba infinitamente más). Fue una gran frustración, pues al relatarle mi caso al médico que procuré en esa época y explicarle los problemas que sufría con la curvatura de mi pene, él examinó el miembro, en estado flácido, y me dijo que no había nada de malo. Me aconsejó apenas a pedir para alguien sacar una foto de mi pene erecto durante un año para después volver a su consultorio. Le había contado a él que nací con el pene curvo y no entendía el porqué de las fotos. No incrementó nada más; sólo me dijo que quería acompañar la “evolución” de la curvatura. Bueno, él debe estar hasta hoy esperando que yo vuelva con mi álbum de retratos. Salí de allá más deprimido de que cuando entré.
Años más tarde, por vuelta de los 28 años, llegué hasta procurar a otro profesional fuera de São Paulo, aprovechando un período de vacaciones que tuve. Ese no sugirió una sesión de fotos por un año. Apenas me preguntó si yo ya había tenido relaciones sexuales. Conforme le respondí que sí, me dijo que era normal, que yo ya me debería haber acostumbrado o que luego o después iría a acostumbrarme. Pensé en preguntar caso sintiera un dolor de diente si debería también acostumbrarme. Con esa desilusión a más, había decidido desistir y continuar llenando mi tiempo con trabajo y estudios, haciendo con que restase poco tiempo para quedarme martillando con ese problema en mi cabeza. Estuve así por cinco años más, con considerables intervalos de abstinencia.
Quien quiera tener una breve noción de lo que es un pene curvo en una relación sexual (si el grado de curvatura lo permite) haz lo siguiente: cambia los pies del calzado. Calza el derecho en el izquierdo y viceversa, de preferencia en un número de calzado ligeramente menor para simular el lado más corto del pene. Si consigues calzar, camina algunos metros por unos dos minutos. Si el pie se escapa algunas veces, es normal. Ten paciencia. Calza nuevamente y recomienza. Tu desequilibrio natural al caminar es incómodo, es lo que se pasa en lo emocional en aquella hora. Y la falta de confort en los pies ni necesito explicarla. Aun así, esa experiencia estará distante de la situación real.
Consulta con el Dr. Paulo Henrique Egydio
Aquí ya estaba con 33 años. Me recuerdo de enterarme del sitio del Dr. Paulo por acaso. Había digitado como dirección lo que creía ser semejante a mi problema (Peyronie). Leí con mucha atención el contenido del sito y como su técnica era aplicada en casos como el mío (pene curvo congénito). En esa ocasión, el sitio del Pene Curvo no estaba al aire, pero había una explicación del asunto en el “peyronie.com.br”. Decidí, así, utilizar la visita virtual (e-mail). Creo que lo hizo más por desahogo de haber pasado una vida tan monótona de que por creer que obtendría una respuesta. Para mi sorpresa, el Dr. Paulo respondió, explicando de manera bastante objetiva la razón de la curvatura y de que había, sí, solución para lo que había descrito.
Fue lo que me dejó más confiado para marcar una visita. Personalmente, pude entonces contar como ese problema me afectaba. Mi impresión fue de que parecía estar ante de alguien que ya conocía hace mucho tiempo. Además de sus excepcionales calificaciones como médico, debo también decir que el Dr. Paulo es un excelente oyente. Todas las dificultades que yo tenía para expresar tuvieron su fin allí mismo en esa visita, debido a su competencia en saber oír, con total atención y respeto. Después de examinarme, me aclaró todas mis dudas sobre su innovadora técnica y cómo sería la cirugía que corregiría mi pene curvo. Salí de su consultorio sintiéndome renovado, pues había encontrado a alguien que hablaba mi misma lengua, o mejor, que entendía, de hecho, del asunto.
La Cirugía
Para sentirme más seguro, opté por no revelar a familiares o colegas de trabajo que me haría la cirugía. Por eso, el Dr. Paulo me aconsejó a hacerla en un final de semana. Llegué al hospital, conforme lo programado, en un sábado al final de la mañana, para los procedimientos normales de internación. La cirugía acontecería al inicio de la tarde de ese mismo día. Fue tan tranquilo para mí que sólo me recuerdo de la voz del Dr. Paulo después de la cirugía diciéndome que todo había corrido muy bien. El domingo, casi final de la mañana, recibí su visita. Después de orientarme sobre curativos y medicación pos operatoria y darme alta, es que fui notando y acostumbrándome a la idea de haber resuelto de una vez aquello que me incomodó por tanto tiempo.
Regresé a casa conduciendo, tal como cuando llegué al hospital en el sábado. Paré en una farmacia a la mitad del trayecto apenas para comprar el medicamento. Ni aceptaba que estaba todo resuelto.
Primera semana
Fuera mi felicidad, estampada en el rostro, el lunes para mí fue un día normal. Salí un poco más tarde de casa, pues iría directo para una reunión con un cliente, cerca de la hora del almuerzo. Estaba operado hace apenas dos días y no me imaginaba que me sentiría con tan buena disposición. Siguiendo la orientación del Dr. Paulo, regresé a su consultorio el miércoles para una evaluación. Estaba todo en orden. Hasta el día de la “liberación final” (seis semanas), aún volvería a verlo unas dos o tres veces más. Como no compartí ese momento con nadie de la familia ni con amigos, fue muy importante conversar sobre esa nueva fase. Le conté hasta de mi primera erección que me pasó involuntariamente al medio de la noche y de como me puse feliz al constatar el resultado de la cirugía.
Un mes después
Increíble como las primeras semanas comenzaron a hacer la diferencia en el día a día. Comencé a pensar en todo lo que había dejado en el pasado, las novias que dejé de tener porque yo mismo sofocaba mis sentimientos, de la familia que dejé de construir hasta en pensamiento, y una serie de otras cosas que dejé de hacer e que no valdría más la pena recordar. Puedo afirmar, con total certidumbre, que mi vida, vida de verdad, de esas en que tú despiertas por la mañana con unas ganas enorme de abrazar a todos los que amas, comenzó después de la cirugía. Situaciones absolutamente sencillas como, por ejemplo, dar buenos días a un colega de trabajo darle un beso a alguien que estimamos mucho, pasaron a tener un significado muy especial para mí.
Tres meses más tarde
Del primero para el segundo mes, cuando ya estaba “liberado” para la acción, conseguí driblar muy bien la ansiedad, algo que ya había experimentado cuando se aprende a tratar con lo nuevo. Aunque bastante agobiado, me fui sintiendo más a gusto con mi nueva condición (o nueva vida). Sabía que naturalmente iría a suceder, a final, no me escondía más, escapaba o pasaba por aquellas otras situaciones que prefiero dejar de verdad para atrás. Quizá pueda yo resumir como “libertad” lo que sentí en mi estreno. Voy a plagiar a un conocido compositor para ser más objetivo: “todo es cuestión de mantener la mente quieta, la espina recta y el corazón tranquilo”. No es bien espina la palabra, pero creo que se pudo entender.
Seis meses después
Desde el primer mes después de la cirugía ya notaba que el beneficio no era apenas físico. Existe algo llamado autoestima, que uno va reconstruyendo poquito a poco, pero de una manera muy rápida y que se torna perceptible. Tuve un mejoramiento bastante expresivo en todas mis relaciones personales, incluso profesionales. Hasta algunas personas que encontré después de mucho tiempo se sorprendieron con mi buen humor y la forma como reaccionaba a ciertas situaciones. No es muy complicado de explicar: creo que antes toda mi atención se concentraba en mi problema y en el hecho de cuanto era infeliz por tener un pene curvo y en las consecuencias de eso. Totalmente libre de ese tormento, mi atención se volvió a mi completo bienestar y personas con las cuales convivo o me relaciono. Ahora, hasta puedo decir que eso es sencillo, pero estoy convicto que no lo sería si no hubiese tenido la orientación del Dr. Paulo.
Un año después
Creo que el e-mail a seguir, que encaminé al Dr. Paulo en este primer año tras la cirugía, traduce bien el beneficio que su técnica pudo proporcionarme. Hablé de algo hoy extremadamente importante para mi que es vivir, algo que ciertamente no comprendía. Agradezco, así, por todo el apoyo que tuve y por la vida que gané. Estoy realmente muy feliz con los resultados que esa técnica del Dr. Paulo me posibilitó y por esa razón es que decidí escribir espontáneamente este Diario. Espero que el lector que se haya eventualmente identificado con alguna situación que relaté, pueda vencer esa barrera o miedo de abrirse y buscar ayuda. Hay mucho por vivir. Crea en eso. |